Si gestionas un apartamento turístico en España, es obligatorio cumplir con ciertas obligaciones legales, entre ellas, la elaboración y entrega de los partes de entrada de viajeros y la llevanza del libro-registro. Estos documentos son exigidos por el Ministerio del Interior y supervisados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Su finalidad es controlar la actividad turística y garantizar la seguridad ciudadana. A continuación, te explicamos cómo hacer cada uno correctamente.
Partes de entrada de viajeros
Se tiene que rellenar este documento cada vez que se aloja un nuevo huésped mayor de 16 años. Este formulario recoge datos como nombre completo, número de documento de identidad o pasaporte, fecha de entrada y nacionalidad. El viajero debe firmarlo a la llegada.
Estos partes deben enviarse telemáticamente a la Policía Nacional o Guardia Civil (según la ubicación del alojamiento) en un plazo máximo de 24 horas desde la entrada del huésped. Para poder realizar este trámite, el propietario o gestor del apartamento debe estar dado de alta en el sistema de comunicación de datos de hospedaje, lo que implica acudir personalmente a la comisaría o cuartel correspondiente con la documentación del inmueble.
Hoy en día, existen plataformas digitales y softwares especializados que facilitan el envío automático de estos partes, cumpliendo con todos los requisitos legales.
Libro-registro de apartamentos turísticos
Además del documento parte de entrada, el propietario de la vivienda esta obligado a llevar un registro donde guarda todos los partes generados durante el año. Este libro puede ser digital o en papel, pero debe estar siempre actualizado y disponible para su inspección por parte de las autoridades.
El libro-registro debe conservarse durante al menos tres años y debe contener los mismos datos reflejados en los partes de entrada: nombre del viajero, documento de identidad, fechas de entrada y salida, y número de parte.
Cumplir con estas obligaciones no solo es una exigencia legal, sino también una forma de dar seriedad y profesionalismo a la gestión turística. Llevar un control riguroso de los viajeros ayuda a evitar sanciones y mejora la imagen del alojamiento ante los clientes y las autoridades.

